1947 – Papelucho

En 1947 se publica “Papelucho”, ese primer Diario que en Chile y algunos países más, todos conocen.

Editorial Rapa-Nui (editorial venida de España) llama  a un concurso de novelas infantiles y Marcela Paz decide participar. Retoma el diario manuscrito que escribiera en  1934 y , conservando la personalidad del niño Papelucho, cambiando el tema central, lo reescribe .

Obtiene el segundo Premio de este   Concurso y Papelucho es publicado por Editorial Rapa Nui..

Marcela Paz pide a su hermana Yola Huneeus que lo ilustre, con lo que se plasma la imagen de este niño de piernas flacas, pelo parado, dientes separados y grandes orejas, que aparece dibujado por ella misma,  en ese primer diario de 1934.

La crítica celebra el retorno de Marcela Paz a la escritura :
con más bríos y una madurez, una gracia, una malicia que hacen recordar sus antiguos aciertos prometedores, ya cumplidos, densos, continuos, con chispería que no se interrumpe y un don de componer el conjunto y sintetizar detalles que parecen efecto de largos estudios y una hábil técnica.” (Alone, en El Mercurio, 1 de febrero de 1948).

Papelucho no vive aventuras fantásticas ni tiene poderes mágicos. A menos que se puedan llamar mágicas su imaginación e inventiva, que le permiten crear ese mundo original, divertido y tierno a la vez, a partir de la vida diaria de una familia chilena de los años cuarenta.

No enseña,  comparte lo que piensa y lo que siente, juzga duramente,  entretiene y hace reir… y a veces conmueve .

Hay críticos que se impresionan:

“…[en estas páginas] la ironía se nos presenta con los ojos mojados por las lágrimas. Es una obra de arte. Y también es una obra de caridad.” (Daniel de la Vega, 25 de enero 1948).

Algunos años después Carlos Morla Lynch, descubre por casualidad una noche este libro , y ocupa sus horas de sueño  en leerlo:

“He plegado, por fin, mis párpados fatigados y he cerrado también el libro que, en un ademán de ternura infinita, he llevado a mis labios. Y he besado con fervor la frente de Papelucho que, con su diente único, ha seguido sonriendo sobre la tapa lisa.” (“Intervalo”, El Mercurio, 21 de junio de 1953).